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Los alumnos españoles estudiarán el Holocausto judío

LOS ALUMNOS ESPAÑOLES ESTUDIARÁN EL HOLOCAUSTO JUDÍO

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 Redacción, 11 de septiembre de 2013 a las 17:45

Los alumnos españoles estudiarán el Holocausto judío. Los judíos hubieran querido una enmienda más amplia

     El presidente de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), Isaac Querub, ha declarado que "ciertamente supone un progreso"

      El grupo parlamentario popular en el Congreso ha presentado una enmienda a la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) por la que añade una nueva disposición adicional sobre la 'Prevención y resolución pacífica de conflictos y valores que sustentan la democracia y los derechos humanos' que establece la inclusión del estudio del Holocausto judío como hecho histórico en el currículo de las diferentes etapas de la educación básica.

"En el currículo de las diferentes etapas de la educación básica se tendrá en consideración el aprendizaje de la prevención y resolución pacífica de conflictos en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social, y de los valores que sustentan la democracia y los derechos humanos, que debe incluir en todo caso la prevención de la violencia de género y el estudio del Holocausto judío como hecho histórico", reza la disposición. Aunque la iniciativa todavía tiene que ser incorporada al texto de la ley en el trámite parlamentario, la mayoría del PP hace prever que esta disposición se incorporará al texto que publique finalmente el BOE.

El grupo popular indica, para justificar esta enmienda, que es necesario tener en cuenta en los currículos de la educación básica tanto la prevención y resolución pacífica de conflictos como los valores que sustentan la democracia y los derechos humanos.

En una entrevista concedida a Europa Press, el presidente de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), Isaac Querub, ha declarado que "ciertamente supone un progreso" pero ha precisado que hubieran deseado "una enmienda más amplia donde se hiciera referencia a la historia del pueblo judío".

Concretamente, ha explicado que lo que desde la Federación han planteado al ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, es "introducir el factor judío en el currículo escolar" para que "se aprenda, se sepa algo más sobre la historia del pueblo judío en vinculación con la tierra de Israel así como de la presencia de los judíos en la historia de España".

En cualquier caso, ha asegurado que Wert se ha portado "extraordinariamente bien" y que fue quien les propuso crear una Comisión Mixta formada por el Ministerio de Educación y la FCJE por medio de la cual han redactado un texto conjunto que han remitido a todos los partidos con representación.

Querub ha explicado que desde la Federación han pedido ampliar este tema en España, en primer lugar, porque el Holocausto, "si no se contextualiza", da una imagen distorsionada de la historia del pueblo judío y, en segundo lugar, porque "desgraciadamente, España en los sondeos nacionales e internacionales aparece como el país más antisemita de Europa junto con Hungría".

Esto significa, según ha precisado, que la juventud española tiene una imagen "absolutamente distorsionada, llena de prejuicios y estereotipos con respecto a los judíos", algo que, según ha añadido, no pueden permitir como españoles.

"Estamos convencidos de que un mayor conocimiento sobre los judíos y sobre su devenir histórico limitará los prejuicios y esperamos que los llegue a desterrar. La ignorancia es lo más atrevido que hay y solo se puede suplir con conocimiento", ha remarcado.

Por su parte, el presidente de Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, ha indicado que es una petición "histórica" que las organizaciones que luchan contra el antisemitismo llevan planteando a los diferentes gobiernos desde los años 90 del siglo XX con el fin de que la educación democrática se asiente sobre "la negación absoluta de la barbarie nazi y genocida".

Ibarra considera que el hecho de que el sistema educativo incorpore seriamente en el marco de la ley la educación para la memoria del Holocausto y, por tanto, la prevención del genocidio a través de los valores democráticos, es "ser congruente con los planteamientos de derechos humanos que están establecidos en el propio tratado de la Unión Europea".

Además, ha señalado que la inclusión de esta enmienda en la LOMCE sería "fundamental" en estos momentos "con lo que está sucediendo en Europa". Concretamente, ha puesto el ejemplo de Hungría, donde fueron exterminados 600.000 judíos y donde ahora hay "diputados de extrema derecha capaces de pedir listas de judíos" o de Grecia, donde surgen grupos neonazis como Amanecer Dorado.

Papa Francisco y el Congreso Judío Mundial- Año Nuevo Judío 5774

papajudi 270x250El pasado lunes 2 de septiembre, el Papa Francisco recibió en Audiencia a los representantes del Congreso Judío Mundial, encabezados por su presidnete, Ronald Lauder, a quién felicitó por el Año Nuevo Judío.

El Papa Francisco deseó un buen y pacífico Año Nuevo 5774 a todos los judíos del mundo y pidió que haya un mayor diálogo entre las comunidades religiosas del mundo, en su primer encuentro privado con el presidente del Congreso Judío Mundial, Ronald Lauder. Además se opuso al fundamentalismo y pidió al dirigente judío que entregue su mensaje a todas las comunidades judía del mundo.

Francisco también agregó que él necesitaba un año dulce debido a las decisiones importantes que se encuentran por delante. Usando las palabras hebreas para decir "Feliz año nuevo", él deseó "Shana Tova" y pidió al CJM que comparta el mensaje con los judíos de todo el mundo. Por su parte, Lauder le entregó una copa de Kidush - bendición al vino - y una torta de miel.

En su encuentro, que se llevó a cabo en un ambiente informal en el Vaticano, Lauder y el pontífice católico hablaron sobre la situación en Siria y condenaron los ataques a las minorías, como a los cristianos coptos en Egipto, y contra las tendencias de restringir prácticas religiosas bien establecidas, como la circuncisión.

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El Papa se mostró específicamente preocupado sobre las prohibiciones a los sacrificios kosher en Polonia e indicó al Cardenal Kart Koch, presidente de la Comisión de Relaciones con los Judíos del Vaticano, que investigue y organice un encuentro de seguimiento para la semana que viene.

Francisco reiteró una declaración que hizo en junio donde dijo que "un cristiano no puede ser antisemita" y destacó que "para ser un buen cristiano es necesario entender la historia y tradiciones judías". También agregó que judíos y cristianos comparten las mismas raíces y que el diálogo es la clave para construir un futuro común.

En referencia al conflicto de Siria, el Papa dijo que el asesinato de seres humanos es inaceptable y destacó que "los líderes mundiales deben hacer todo lo posible para evitar la guerra".

Tras el encuentro Lauder elogió al pontífice por su compromiso con el diálogo y dijo que su liderazgo no solo había revigorizado a la Iglesia Católica, sino que le había dado un nuevo momento con las relaciones con el judaísmo.

Declaración Conjunta 18 Reunión Comité Internacional de Enlace entre Católicos y Judíos 8 julio 2004

Declaración Conjunta
18a Reunión del Comité International de Enlace entre Católicos y Judíos
Buenos Aires, 5 al 8 de julio de 2004
Las relaciones entre la Iglesia Católica y el Pueblo Judío han experimentado grandes cambios desde la Declaración  del Concilio Vaticano II, Nostra Aetate (1965). Dicha Declaración resaltó las raíces judías del cristianismo y el rico patrimonio espiritual compartido por judíos y cristianos. En el último cuarto de siglo, el Papa Juan Pablo II ha aprovechado todas las oportunidades para promover el diálogo entre ambas comunidades de fe, que considera como íntimamente relacionado con el verdadero núcleo de nuestras respectivas identidades. Este diálogo fraterno ha engendrado entendimiento y respeto mutuos. Esperamos que siga resonando en círculos cada vez más amplios, y que llegue a las mentes y los corazones de católicos y judíos, y a la comunidad toda.
La 18ª  Reunión del Comité Internacional de Enlace entre Católicos y Judíos se llevó a cabo en Buenos Aires, del 5 al 8 de julio de 2004. Este encuentro, celebrado por primera vez en Latinoamérica, ha tenido como tema central Tzedek y Tzedaká (Justicia y Caridad) en sus aspectos teóricos y sus aplicaciones prácticas. Nuestras deliberaciones han sido inspiradas por el mandamiento de Dios “ama a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19,18; Mt 22,39).  Desde nuestras diferentes perspectivas, hemos renovado nuestro compromiso común para defender y promover la dignidad humana, como se deriva de la afirmación bíblica de que todo ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26). Recordamos la defensa de los derechos humanos del Papa Juan XXIII para todos los hijos de Dios, enunciada en su Encíclica Pacem in Terris (1963), y le rendimos un especial tributo por iniciar este cambio fundamental en las relaciones católico-judías.

Nuestro compromiso conjunto con la justicia tiene una profunda raíz en ambos credos. Recordamos la tradición de ayudar a la viuda, al huérfano, al pobre y al extranjero, según el mandato de Dios (Ex 22,20-22; Mt 25,31-46). Los Sabios de Israel desarrollaron una amplia doctrina de justicia y caridad para todos, basada en una elevada comprensión del concepto de Tzedek. Apoyándose en la tradición de la Iglesia, el Papa Juan Pablo II, en su primera Encíclica, Redemptor Hominis (1979), recordaba a los cristianos que una verdadera relación con Dios requiere un fuerte compromiso con el servicio a nuestros semejantes.

Si bien Dios creó al ser humano en la diversidad, los dotó de la misma dignidad. Compartimos la convicción de que todas las personas tienen derecho a ser tratadas con justicia y equidad. Este derecho incluye compartir en forma equitativa la gracia y los dones de Dios (jésed).

Dada la dimensión global de la pobreza, la injusticia y la discriminación, tenemos una clara obligación religiosa de mostrar preocupación por los pobres y por los que han sido privados de sus derechos políticos, sociales y culturales. Jesús, profundamente arraigado en la tradición judía de su tiempo, hizo del compromiso con los pobres una prioridad en su ministerio. El Talmud afirma que el Santo, Bendito Sea, siempre cuida de los necesitados. Actualmente, esta preocupación por los pobres debe incluir a las multitudes de hambrientos, sin techo, huérfanos, víctimas del SIDA, de todos los continentes, a todos los que carecen de adecuados cuidados médicos y a todos los que hoy carecen de la esperanza en un futuro mejor. En la tradición judía, la forma superior de caridad consiste en derribar las barreras que impiden a los pobres salir de su estado de pobreza. En años recientes, la Iglesia ha enfatizado su opción preferencial por los pobres. Los judíos y los cristianos tienen igual obligación de trabajar por la justicia con caridad (Tzedaká) que finalmente llevará a la paz (Shalom) para toda la humanidad. Fieles a nuestras respectivas tradiciones religiosas, vemos este compromiso común con la justicia y la caridad como la cooperación del hombre con el plan Divino de construir un mundo mejor.

A la luz de este compromiso común, reconocemos la necesidad de responder a estos grandes desafíos inmediatos: la creciente disparidad económica entre los pueblos, la gran devastación ecológica, los aspectos negativos de la globalización y la urgente necesidad de la paz y la reconciliación internacionales.

Por lo tanto, saludamos las iniciativas conjuntas de las organizaciones católicas y judías internacionales y nacionales que ya han comenzado a trabajar para resolver las necesidades de los indigentes, los hambrientos, los enfermos, los jóvenes, los que no tienen educación y los ancianos. Sobre la base de estas acciones de justicia social, nos comprometemos a redoblar nuestros esfuerzos para intentar resolver las acuciantes necesidades de todos a través de nuestro compromiso común con la justicia y la caridad.

Mientras nos acercamos al 40º aniversario de Nostra Aetate – la declaración del Concilio Vaticano II que repudió la acusación de deicidio contra los judíos, reafirmó las raíces judías del cristianismo y rechazó el antisemitismo–, tomamos nota de los muchos cambios positivos de la Iglesia Católica en su relación con el Pueblo Judío. Estos últimos cuarenta años de diálogo fraternal contrastan sustancialmente con casi dos milenios de “enseñanza del desprecio” y todas sus dolorosas consecuencias. Nos alientan los frutos de nuestros esfuerzos colectivos que incluyen el reconocimiento de la única e ininterrumpida relación de alianza entre Dios y el Pueblo Judío, y el total rechazo al antisemitismo en todas sus manifestaciones, incluyendo el antisionismo como una expresión más reciente de antisemitismo.

Por su parte, la Comunidad Judía ha evidenciado un creciente deseo de llevar a cabo un diálogo interreligioso y acciones conjuntas sobre cuestiones religiosas, sociales y comunitarias a nivel local, nacional e internacional, como lo ilustra el nuevo diálogo directo entre el Gran Rabinato de Israel y la Santa Sede. Además, la comunidad judía ha dado pasos en programas educativos sobre cristianismo, la eliminación de prejuicios y la importancia del diálogo judeo-cristiano. Asimismo, la comunidad judía ha tomado conciencia y deplora el fenómeno del anticatolicismo en todas las formas en que se manifiesta en la sociedad.
En el 60º aniversario de la liberación de los campos de exterminio nazis, declaramos nuestra decisión de impedir el resurgimiento del antisemitismo que llevó al genocidio y a la Shoá. Estamos juntos en este momento, siguiendo las principales conferencias internacionales sobre este problema, que se han realizado recientemente en Berlin y en las Naciones Unidas en Nueva York. Recordamos las palabras del Papa Juan Pablo II, quien manifestó que el antisemitismo es un pecado contra Dios y contra la humanidad.
Nos comprometemos con la lucha contra el terrorismo. Vivimos en un nuevo milenio que ya se ha visto manchado por los atentados del 11 de septiembre de 2001 y otros ataques terroristas en el mundo. Conmemoramos el 10º aniversario de las dos trágicas experiencias del terrorismo aquí, en Buenos Aires. El terrorismo, en todas sus formas, y los asesinatos “en nombre de Dios” nunca pueden justificarse. El terrorismo es un pecado contra el hombre y contra Dios. Convocamos a todos los hombres y mujeres de fe a apoyar los esfuerzos internacionales para erradicar esta amenaza contra la vida, para que todas las naciones puedan vivir juntas en paz y seguridad sobre la base del Tzedek y la Tzedaká.

Nos comprometemos a implementar y difundir en nuestras comunidades las promesas mutuas que nos hemos hecho aquí, en Buenos Aires, de modo que el trabajo por la Justicia y la Caridad nos permita alcanzar el mayor don de Dios: la paz

Juan Pablo II - Ecclesia in Europa 28 junio 2003

ECCLESIA IN EUROPA

Exhortación apostólica postsinodal de Juan Pablo II a los Obispos, a los presbíteros y diáconos, a los consagrados y a todos los fieles laicos sobre Jesucristo vivo en su Iglesia, fuente de esperanza para Europa.
28 de junio de 2003
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56. Se trata más bien de tomar mayor conciencia de la relación que une a la Iglesia con el pueblo judío y del papel singular desempeñado por Israel en la historia de la salvación. Como ya se hizo notar en la I Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos y se ha reiterado también en este Sínodo, se han de reconocer las raíces comunes existentes entre el cristianismo y el pueblo judío, llamado por Dios a una alianza que sigue siendo irrevocable (cf. Rm 11,29)[101] y que ha alcanzado su plenitud definitiva en Cristo.
Es necesario, pues, favorecer el diálogo con el hebraísmo, sabiendo que éste tiene una importancia fundamental para la conciencia cristiana de sí misma y para superar las divisiones entre las Iglesias, y esforzarse para que florezca una nueva primavera en las relaciones recíprocas. Esto comporta que cada comunidad eclesial debe ejercitarse, en cuanto las circunstancias lo permitan, en el diálogo y la colaboración con los creyentes de religión hebrea. Dicho ejercicio implica, entre otras cosas, que «se recuerde la parte que hayan podido desempeñar los hijos de la Iglesia en el nacimiento y difusión de una actitud antisemita en la historia, y que pida perdón a Dios por ello, favoreciendo toda suerte de encuentros de reconciliación y de amistad con los hijos de Israel»[102]. En este contexto, por lo demás, habrá que recordar también a los numerosos cristianos que, a veces a costa de la propia vida, sobre todo en periodos de persecución, han ayudado y salvado a estos «hermanos mayores» suyos


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[100] Carta enc. Redemptoris missio (7 diciembre 1990), 36 l.c., 281
[101] Declaración Final (13 diciembre 1991) II Asamblea especial para Europa del Sínodo de los Obispos, Instrumentum laboris, 62; Propositio, 10.
[102] Propositio 10 ; cf. Comisión para las Relaciones religiosas con el hebraísmo; Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoah, 17 marzo 1998.
[103] I Asamblea especial para Europa del Sínodo de Obispos, Declaración final (13 diciembre 1991)
[104] Cf. Propositio 11.
[105] Cf. ibíd.
[106] Discurso al Cuerpo Diplomático (12 enero 1985), 3
[107] Conc. Ecum. Vat. II, Decl. Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa, 2.

Juan Pablo II - Discurso al Congreso Judío Mundial 22 mayo 2003

DISCURSO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
al CONGRESO MUNDIAL JUDÍO
Vaticano, 22 de mayo de 2003

Mensaje del Santo Padre al recibir a quince representantes del Congreso Mundial Judío y del Comité Internacional Judío para las Relaciones Interreligiosas:
«Siento un gran placer al recibir en el Vaticano a distinguidos representantes del Congreso Mundial Judío y del Comité Internacional Judío para las Relaciones Interreligiosas. Vuestra visita me trae a la memoria los lazos de amistad que se han desarrollado desde que el Concilio Vaticano II emitió la Declaración Nostra Aetate y puso nuevas y positivas bases a las relaciones entre judíos y católicos.
La Palabra de Dios es una lámpara y una luz en nuestro camino; nos mantiene vivos y nos da nueva vida (Ps 119,105-107). La Palabra fue dada a nuestros hermanos y hermanas judíos especialmente en la Torá. Para los cristianos esta Palabra encuentra su cumplimiento en Jesucristo. Aunque mantenemos e interpretamos esta herencia de forma diferente, las dos comunidades nos sentimos obligadas a dar testimonio de la paternidad de Dios y de su amor hacia todas las criaturas.
Aunque el mundo de hoy está con frecuencia marcado por la violencia, la represión y la explotación, estas realidades no representan la última palabra sobre el destino humano. Dios promete un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra (Is 65,17; Apoc 21,1). Sabemos que Dios enjugará todas las lágrimas (Is 25,28) y que desaparecerá toda aflicción y todo dolor (Apoc 21,4). Judíos y cristianos creemos que nuestras vidas son un viaje hacia el cumplimiento de las promesas de Dios.
A la luz de la herencia religiosa común que compartimos, podemos considerar esta oportunidad como un desafío para realizar esfuerzos conjuntos por la paz y la justicia en nuestro mundo. La defensa de la dignidad de cada ser humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, es una causa que debe comprometer a todos los creyentes. Este modo de colaboración práctica entre cristianos y judíos requiere valor y visión, y también confianza en que es Dios quien saca el bien a partir de nuestros esfuerzos: "Si el Señor no construye la casa, los que la construyen trabajan en vano" (Ps 127,1). Queridos amigos, quiero infundiros ánimo en vuestro compromiso para ayudar a los niños que sufren en Argentina. Es mi ferviente esperanza y oración que el Todopoderoso bendiga todos vuestros proyectos. Que Él os acompañe y guíe vuestros pasos en el camino de la paz» (Lc 1,79)

Juan Pablo II - Discurso a la Pontificia Comisión Bíblica 11 abril 1997

 

DISCURSO DE JUAN PABLO II
A LA PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA

11 de abril 1997


Señor cardenal, le doy gracias de corazón por los sentimientos que ha tenido a bien manifestarme hace un momento al presentarme a la Pontifica Comisión Bíblica, al comienzo de su mandato. Saludo cordialmente a los miembros antiguos y nuevos de la Comisión presentes en esta audiencia. Saludo a los “antiguos” con viva gratitud por las tareas ya desarrolladas y a los “nuevos” con particular alegría, suscitada por la esperanza. Me alegra tener así la ocasión de encontrarme personalmente con todos vosotros y de repetiros a cada uno cuánto aprecio la generosidad con que ponéis vuestra competencia de exégetas al servicio de la Palabra de Dios y del Magisterio de la Iglesia.

El tema que habéis empezado a estudiar en el curso de vuestra actual sesión plenaria es de enorme importancia: trátase en efecto de un tema fundamental para una correcta comprensión del misterio de Cristo y de la identidad cristiana. Quisiera en primer lugar subrayar esta utilidad, que podríamos definir ad intra. Ella se refleja además inevitablemente en una utilidad -por así llamarla- ad extra, pues la conciencia de la propia identidad determina la naturaleza de las relaciones con las demás personas. En este caso determina la naturaleza de las relaciones entre cristianos y hebreos.


El error de separar uno y otro Testamento

Desde el siglo segundo después de Cristo, la Iglesia se ha hallado ante la tentación de separar completamente el Nuevo Testamento del Antiguo y de oponerlos el uno al otro, atribuyéndoles dos orígenes distintos. Según Marción, el Antiguo Testamento procedía de un Dios indigno de tal nombre, pues era vengativo y sanguinario, mientras que el Nuevo Testamento revelaba al Dios reconciliador y generoso.

La Iglesia ha rechazado con firmeza este error, recordando a todos que la ternura de Dios ya se manifiesta en el Antiguo Testamento. La misma tentación marcionita vuelve a presentarse, por desgracia, en nuestro tiempo. Lo que, sin embargo, se da con mayor frecuencia es la ignorancia de las profundas relaciones que vinculan el Nuevo Testamento al Antiguo, ignorancia de la que se deriva en algunos la impresión de que los cristianos no tienen nada en común con los hebreos.

Siglos de prejuicios y de oposición recíproca han excavado un foso profundo, que la Iglesia se esfuerza ahora en colmar, impulsada en esta dirección por la toma de posición del Concilio Vaticano II. Los nuevos leccionarios litúrgicos han dado mayor espacio a los textos del Antiguo Testamento, y el Catecismo de la Iglesia Católica se ha preocupado de abrevarse continuamente en el tesoro de las Sagradas Escrituras.


Jesús y el Antiguo Testamento

Realmente, no puede expresarse de manera plena el misterio de Cristo sin recurrir al Antiguo Testamento. La identidad humana de Jesús se define a partir de su vínculo con el pueblo de Israel, con la dinastía de David y la descendencia de Abraham. Y no se trata tan sólo de una pertenencia física. Participando en las celebraciones de la sinagoga, donde se leían y comentaban los textos del Antiguo Testamento, Jesús tomaba también conocimiento -desde el punto de vista humano- de tales textos; con ellos alimentaba el espíritu y el corazón, utilizándolos después en la oración e inspirándose en ellos para su conducta.
De esta manera se hizo un auténtico hijo de Israel, hondamente arraigado en la larga historia de su pueblo. Cuando empezó a predicar y a enseñar, se abrevó abundantemente en el tesoro de las Escrituras, enriqueciendo este tesoro con nuevas inspiraciones e iniciativas inesperadas. Estas -nótese bien- no aspiraban a abolir la antigua revelación, sino, al contrario, a llevarla a su propio y perfecto cumplimiento. La oposición cada vez más consistente a la que hubo de enfrentarse hasta el Calvario, fue entendida por él a la luz del Antiguo Testamento, que le revelaba la suerte reservada a los profetas. También sabía él, por el Antiguo Testamento, que al final el amor de Dios siempre resulta victorioso.

Privar a Cristo de la relación con el Antiguo Testamento es por tanto separarlo de sus raíces y vaciar de todo sentido su misterio. En efecto, para ser significativa, la Encarnación necesitó enraizar en siglos de preparación. De no haber sido así, Cristo habría resultado como un meteoro precipitado accidentalmente a la tierra y exento de conexión con la historia de los hombres.


El cristiano injertado en el tronco de Israel

La Iglesia ha entendido correctamente, desde sus orígenes, el arraigo de la Encarnación en la historia y -por consiguiente- ha acogido en su plenitud la inserción de Cristo en la historia del pueblo de Israel. Ella ha considerado las Escrituras hebreas como Palabra de Dios perennemente válida, dirigida a ella, amen que a los hijos de Israel. Resulta de primaria importancia mantener y renovar esta toma de conciencia eclesial de las relaciones esenciales con el Antiguo Testamento. Estoy seguro de que vuestros trabajos contribuirán a ello de manera excelente, razón por la que me alegro de antemano, dándoos las gracias de todo corazón.

Vosotros estáis llamados a ayudar a los cristianos a que comprendan bien su propia identidad. Identidad que se define en primer lugar gracias a la fe en Cristo, Hijo de Dios. Pero esta fe es inseparable de la relación con el Antiguo Testamento, dado que es fe en Cristo “que murió por nuestros pecados, según las Escrituras” y “que resucitó (...), según las Escrituras” (1 Co 15, 3-4) El cristiano debe saber que -con su adhesión a Cristo- ha llegado a ser “descendencia de Abraham” (Ga 3,29) y que ha sido injertado en el olivo bueno (cf. Rm 11, 17-24), es decir, insertado en el pueblo de Israel, para ser “partícipe de la raíz y de la savia del olivo” (Rm 11, 17). Si posee esta fuerte convicción, ya no podrá aceptar que los hebreos como tales sean despreciados o, peor aún, maltratados.

Al decir esto, no ignoro que el Nuevo Testamento conserva vestigios de manifiestas tensiones que existieron entre comunidades cristianas primitivas y algunos grupos de hebreos no cristianos. San Pablo mismo atestigua, en sus cartas, que en su calidad de hebreo no cristiano había perseguido encarnizadamente a la Iglesia de Dios (cf Ga 1, 13; 1Co 15, 9; Flp 3,6). Estos dolorosos recuerdos han de superarse en la caridad, según el precepto de Jesús. La labor exegética debe preocuparse por avanzar siempre en esta dirección y contribuir de esta manera a disminuir las tensiones y a disipar los malentendidos.

Precisamente a la luz de todo lo dicho, la labor que habéis emprendido es de enorme importancia y merece llevarse adelante con atención y entrega. Si bien entraña ciertamente aspectos difíciles y puntos delicados, es labor muy prometedora, rica de grandes esperanzas. Hago votos para que sea muy fecunda para la gloria del Señor. Con este deseo, os aseguro un recuerdo constante en la oración y os imparto de corazón a todos una especial bendición

Juan Pablo II - Sobre la Declaración Nostra Aetate - febrero 1996

DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II

 

Febrero 1996

 

La Declaración Nostra Aetate es el documento más breve del Concilio Vaticano II. Sin embargo, a nadie puede escapar su importancia y su novedad, porque ha señalado el camino de la relación entre los cristianos y los seguidores de otras religiones bajo la norma de la recíproca estima, del diálogo y de la colaboración en beneficio del auténtico bien del hombre.

 

La historia, por desgracia, ha conocido páginas oscuras de hostilidad en nombre de las convicciones religiosas. La Declaración recuerda que Dios es el fundamento sólido de la fraternidad humana: “Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen (...), y tienen también el mismo fin último, que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designios de salvación se extienden a todos” (n. 1).

 

Ciertamente esta afirmación no debe conducir al relativismo en la concepción de la verdad. La Iglesia, por tanto, no incumple su deber de anunciar con energía siempre nueva que solamente Cristo, Hijo de Dios encarnado, es el “camino, la verdad y la vida” (Jn. 14,6), y solamente en El los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa (n.3).

 

Pero esto no debe conducir a minimizar el valor de los elementos positivos presentes en muchas religiones. La misma Declaración Conciliar señala de forma particular las riquezas espirituales del Hinduismo, del Budismo, del Islamismo y de las religiones tradicionales: “la Iglesia católica nada rechaza de lo que en estas religiones hay de verdadero y santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas, que, aunque discrepan en muchas cosas de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres”. (n.2)

 

La Declaración reserva una atención especial a los hermanos judíos, con los cuales el cristianismo tiene una relación particularmente íntima. La fe cristiana, en efecto, tiene sus comienzos en la experiencia religiosa del pueblo judío, del que procede Cristo según la carne. Compartiendo con los judíos la parte de la Escritura que aparece bajo el nombre de Antiguo Testamento, la Iglesia continúa viviendo de aquel mismo patrimonio de verdad, releyéndolo a la luz de Cristo. La inauguración de los tiempos nuevos, por El cumplida con la nueva y eterna Alianza, no destruye la antigua raíz, sino que la abre a una fecundidad universal. En consideración a lo dicho, no puede dejar de despertar intenso dolor el recuerdo de las tensiones que tantas veces han caracterizado las relaciones entre cristianos y judíos. Por ello, hagamos nuestra, también hoy, la voz del Concilio que lamentó con firmeza “los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos” (n.4).

 

Que María, modelo del espíritu religioso, impulse a los creyentes de todas las religiones a vivir en escucha de Dios, en la fidelidad a las exigencias de la verdad percibida. Que su intercesión ayude a la Iglesia a unir la coherencia al testimoniar la verdad con la capacidad de dialogar con todos. Que aprendan los hombres de todas las creencias a conocerse, a estimarse, a colaborar, para construir juntos, según el designio de Dios, la paz y la fraternidad universal

Juan Pablo II - Discurso al Primer Embajador de Israel ante la Santa Sede 29 septiembre 1994

DISCURSO DE JUAN PABLO II al

PRIMER EMBAJADOR DE ISRAEL ANTE LA SANTA SEDE

 

Vaticano, 29 de septiembre 1994

 

Señor Embajador:

 

1. Con viva satisfacción acojo a su excelencia para la presentación de las cartas que lo acreditan como primer embajador extraordinario y plenipotenciario del Estado de Israel ante la Santa Sede. Todos reconocerán la importancia de esta ceremonia porque de este modo las relaciones diplomáticas establecidas recientemente se hacen efectivas con la presencia de un jefe de misión del rango más elevado, en aplicación del Acuerdo Fundamental firmado el 30 de diciembre de 1993 en Jerusalén.

 

Me agrada recordar hoy que en el pasado ya tuve la oportunidad de recibir aquí a muchas altas personalidades del Estado de Israel, así como mis predecesores lo habían hecho antes. Teniendo en cuenta los puntos de vista diferentes sobre ciertos temas, esos contactos han permitido encaminarse hacia el diálogo orgánico que ha sido confiado, hace ya más de dos años, a la Comisión bilateral permanente de trabajo. Quiero expresar mi gratitud a los miembros de dicha Comisión. Ambas partes se han dedicado con competencia a intercambios profundos de puntos de vista, que han llevado a la firma del Acuerdo Fundamental, abriendo una era nueva en nuestras relaciones.

 

2. Señor embajador, le agradezco las palabras que acaba de pronunciar y que me han conmovido mucho. Como usted subrayaba, es verdad que las relaciones diplomáticas no constituyen un fin en sí mismas, sino que representan un punto de partida para una colaboración específica, teniendo en cuenta la naturaleza propia de la Santa Sede y del Estado de Israel. El estudio de diversas cuestiones bilaterales prosigue, como lo dispuso el Acuerdo del 30 de diciembre del año pasado, instituyendo dos subcomisiones que deben permitir avanzar juntos por el camino de una colaboración fundada en bases sólidas.

 

Además la colaboración no concierne sólo a la Santa Sede y al Estado de Israel, sino que implica igualmente una relación de confianza entre las autoridades israelíes y las diferentes instituciones de la Iglesia católica presentes en el suelo de Tierra Santa.

 

3. Usted ha dicho que, más allá de las negociaciones bilaterales, la Santa Sede y el Estado de Israel -cada uno según sus competencias y los medios de acción que le son propios- tienen que promover los principios esenciales que evoca su Acuerdo Fundamental. Ante todo, se comprometen a respetar el derecho a la libertad de religión y de conciencia, condición indispensable para el respeto de la dignidad de todo ser humano. Colaboran para oponerse a toda forma de intolerancia, cualquiera que sea el modo en que se manifieste. De manera muy especial, rechazan con atención todo antisemitismo, sabiendo que se han debido constatar también recientemente manifestaciones deplorables del mismo.

 

4. En muchos lugares del mundo violentos conflictos siguen desgarrando, desgraciadamente, a numerosos pueblos. La Santa Sede, teniendo en cuenta su misión específica, no escatima esfuerzos para que se superen las oposiciones o los resentimientos, con frecuencia de origen lejano, a fin de abrir los caminos de paz. Sin la paz, el desarrollo integral del hombre se ve entorpecido, la supervivencia de grupos enteros comprometida, y la cultura e incluso la identidad de más de una nación, amenazada de desaparición.

 

Así pues, se ha de alentar el proceso de paz en Oriente Medio, por el que la Santa Sede formulaba votos desde hacía tiempo. El camino que hay que recorrer sigue siendo largo y arduo, pero ya no parece una utopía afirmar que puede reinar la confianza mutua entre los pueblos de Oriente Medio. Al comprobar con satisfacción lo que los responsables de Israel y de toda esa región han hecho, invoco sobre ellos la ayuda del Omnipotente, para que les sea dado proseguir sus esfuerzos con la audacia de la paz.

 

5. Señor embajador, usted ha recordado también el deseo de que las instituciones culturales de su Estado intensifiquen su colaboración con las instituciones culturales de la Iglesia católica. Acojo con tanto más agrado ese propósito cuanto que los intercambios universitarios ya emprendidos en diversas circunstancias me parecen muy de desear. Esto es verdad, en general, pues la vida intelectual se beneficia naturalmente de ellos. Y es muy oportuno en la medida en que tenemos en común una parte importante de nuestras raíces culturales, comenzando por los escritos de la Biblia, el Libro de los Libros y fuente siempre viva. Entre judíos y miembros de la Iglesia, la concepción del hombre, de su vocación espiritual y de su moralidad recibe de los Libros Santos una iluminación singular. Puede resultar útil para unos y otros poner en común su saber, a fin de profundizar la comprensión de las Escrituras y conocer mejor las civilizaciones y el cuadro histórico en el que se han desarrollado a lo largo de tantos siglos, sobre todo mediante la arqueología, la filología y el estudio de las tradiciones religiosas doctrinales y espirituales.

 

6. El carácter peculiar de las relaciones entre el Estado de Israel y la Santa Sede resulta muy evidente gracias al carácter único de esa Tierra a la que dirigen su mirada la mayoría de los creyentes, judíos, cristianos y musulmanes de todo el mundo. La revelación del Dios único a los hombres ha hecho que esa Tierra sea santa; lleva para siempre su sello, y no deja de ser un lugar de inspiración para los que pueden ir allí en peregrinación. De manera muy especial, los creyentes de las grandes religiones monoteístas se dirigen hacia la Ciudad Santa de Jerusalén, que, según sabemos, sigue siendo aún hoy teatro de divisiones y conflictos, pero que es un “patrimonio espiritual para todos los que creen en Dios” (cf. carta apostólica Redemptionis anno, sobre la Ciudad Santa de Jerusalén, 20 de abril de 1984: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de mayo de 1984, p. 17) y, como significa su admirable nombre, un lugar de encuentro y un símbolo de paz. Además es de desear que el carácter único y sagrado de esa Ciudad Santa sea objeto de garantías internacionales, que aseguren también su acceso a todos los creyentes. Como tuvo la oportunidad de escribir, “pienso en el día en que los judíos, cristianos y musulmanes puedan intercambiarse en Jerusalén el saludo de paz” (ib.).

 

7. Señor embajador, usted mismo ha insistido en el significado histórico de esta ceremonia, más allá de las convenciones diplomáticas habituales. En efecto, se abre una época nueva en las relaciones entre la Santa Sede y el Estado de Israel, para un diálogo continuo y una colaboración activa en los campos que acabo de mencionar. Todo esto va a contribuir a intensificar el diálogo entre la Iglesia Católica y el pueblo judío de Israel y del mundo entero. La comprensión mutua ya ha registrado un progreso importante, sobre todo gracias al impulso del Concilio Vaticano II (declaración Nostra Aetate). Deseo que prosigan y se profundicen esos intercambios judío-cristianos, y que permitan a unos y a otros servir mejor a las grandes causas de la humanidad.

 

8. Usted, excelencia, se ha hecho portavoz de los sentimientos del presidente del Estado de Israel y del Gobierno del país, así como de sus anhelos, en una circunstancia muy importante por su significado. Le ruego que transmita a las altas autoridades del Estado de Israel mi gratitud por su mensaje y mis deseos sinceros para la realización de sus tareas al servicio de la concordia y de la paz, que sus compatriotas tanto anhelan.

 

Excelencia, formulo también votos calurosos por el feliz desempeño de su misión y de su estancia en la ciudad de Roma. Puede estar seguro de que mis colaboradores lo acogerán siempre gustosos y le brindarán la ayuda que necesite.

 

Bendiciendo al Altísimo, que ha permitido este encuentro histórico, le pido que conceda a Vd., así como a sus seres queridos y a todos su compatriotas, la abundancia de sus dones.

Juan Pablo II - Discurso a los Obispos Alemanes diciembre 1992

DISCURSO DE JUAN PABLO II

A LOS OBISPOS ALEMANES

Diciembre 1992

 

 

Defender a los judíos: Deseo exhortaros a comprometeros de modo particular en la protección de nuestros hermanos judíos. La violación de sinagogas y los ataques contra los monumentos conmemorativos que, vista su historia dolorosa, son de gran importancia para los judíos, no pueden tolerarse de ningún modo.

 

Los padres del Concilio Vaticano II eran conscientes de la particular relación que debe existir entre cristianos y judíos, cuando afirmaron en la Declaración sobre las Relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas: “Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este sagrado concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue, sobre todo, por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno” (Nostra Aetate, 4). Debéis, por tanto esforzaros para lograr que vuestros compatriotas judíos no se desalienten, sino que permanezcan en vuestra patria, que es también su patria, y sigan participando de su vida religiosa, cultural y científica.

 

Juan Pablo II - Consejo Británico para los cristianos y los judíos 16 noviembre 1990

ENCUENTRO DEL PAPA CON EL CONSEJO BRITÁNICO  

PARA LOS CRISTIANOS Y LOS JUDÍOS

Vaticano, 16 de noviembre 1990

 

Me complace dar la bienvenida al Vaticano a los miembros del Consejo Británico para los Cristianos y los Judíos; os recibo con una palabra llena de gozo, que encierra un significado profundo: ¡Shalom!.

 

La paz es, por encima de todo un don de Dios, la plenitud de la redención para la humanidad y para toda la creación. Esta paz, que hoy está seriamente amenazada, es al mismo tiempo algo que forma parte de la naturaleza racional y moral del hombre y la mujer, creados a imagen y semejanza de Dios. En el orden humano, la paz exige e implica justicia y misericordia, y culmina en el amor a Dios y al prójimo, que representa la culminación de la enseñanza de la Ley y de los Profetas.

 

Jesús mismo afirma sobre esto: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mt 5,17). ¡El patrimonio espiritual que comparten los cristianos y el pueblo judío es realmente grande! (cf. Nostra Aetate nº 4). Por esta razón, durante el periodo que siguió al Concilio Vaticano II, la cooperación entre los cristianos y los judíos se hizo cada vez más intensa, y me siento muy satisfecho de que estos importantes contactos sigan adelante, como por ejemplo el reciente encuentro que tuvo lugar en Praga.

 

Durante el decimotercer encuentro del Comité Coordinador Internacional Católico-Judío se abordaron los temas del antisemitismo y de la Shoah, al tiempo que la cuestión más vasta de los derechos humanos. Se reconoció justamente que el antisemitismo y todas las formas de racismo son un “pecado contra Dios y la humanidad” y que como tales se deben rechazar y condenar... Aliento de todo corazón al Consejo Británico para los Cristianos y los Judíos a proseguir activamente la intensificación del diálogo amistoso, la comprensión fraterna y el intercambio de los valores espirituales...

 

Con vosotros y con todos los herederos de la fe de Abraham... elevo la oración del salmista: “Pedid la paz para Jerusalem”...

 

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