{"id":94,"date":"2011-11-24T16:58:38","date_gmt":"2011-11-24T16:58:38","guid":{"rendered":"https:\/\/upbeat-goodall.82-223-35-84.plesk.page\/index.php\/2011\/11\/24\/notas-para-una-correcta-presentacion-de-judios-y-judaismo-mayo-1985\/"},"modified":"2011-11-24T16:58:38","modified_gmt":"2011-11-24T16:58:38","slug":"notas-para-una-correcta-presentacion-de-judios-y-judaismo-mayo-1985","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cejc-madrid.org\/index.php\/2011\/11\/24\/notas-para-una-correcta-presentacion-de-judios-y-judaismo-mayo-1985\/","title":{"rendered":"Notas para una correcta presentaci\u00f3n de Jud\u00edos y Juda\u00edsmo  &#8211; mayo 1985"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">NOTAS PARA UNA CORRECTA PRESENTACI\u00d3N DE JUD\u00cdOS Y JUDA\u00cdSMO EN LA PREDICACI\u00d3N Y LA CATEQUESIS DE LA IGLESIA CATOLICA<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">&nbsp;Mayo, 1985<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Consideraciones preliminares<\/p>\n<p>El Papa Juan Pablo II dec\u00eda, en marzo de 1982, a los delegados de las Conferencias episcopales y otros expertos, reunidos en Roma para estudiar las relaciones entre Iglesia y Juda\u00edsmo: \u00ab&#8230; os hab\u00e9is interesado, durante vuestra reuni\u00f3n, de la ense\u00f1anza cat\u00f3lica y de la catequesis, en relaci\u00f3n con los jud\u00edos y el Juda\u00edsmo&#8230; Se deber\u00eda llegar a que esta ense\u00f1anza, en los diversos niveles de formaci\u00f3n religiosa, y en la catequesis impartida a ni\u00f1os y adolescentes, presentara a los jud\u00edos y el juda\u00edsmo, no s\u00f3lo de manera honesta y objetiva, sin ning\u00fan prejuicio y sin ofender a nadie, sino mejor todav\u00eda con una conciencia viva de la herencia\u00bb com\u00fan a jud\u00edos y cristianos.<\/p>\n<p>En este texto, tan denso de contenido, el Papa se inspiraba visiblemente en la Declaraci\u00f3n conciliar Nostra aetate, 4, donde se dice:<\/p>\n<p>\u00abPor consiguiente, procuren todos no ense\u00f1ar cosa alguna que no est\u00e9 conforme con la verdad evang\u00e9lica y con el esp\u00edritu de Cristo, tanto en la catequesis como en la predicaci\u00f3n de la palabra de Dios\u00bb. Ten\u00eda tambi\u00e9n presentes estas palabras: \u00abComo es tan grande el patrimonio espiritual com\u00fan a cristianos y jud\u00edos, este sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos\u00bb.<\/p>\n<p>Igualmente, las \u00abOrientaciones y Sugerencias para la aplicaci\u00f3n de la Declaraci\u00f3n conciliar Nostra aetate, 4\u00bb concluyen el cap\u00edtulo III, intitulado \u00abEnse\u00f1anza y Educaci\u00f3n\u00bb, donde se enumeran una serie de indicaciones concretas destinadas a ser puestas en pr\u00e1ctica en uno y otro campo, con esta recomendaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abLa informaci\u00f3n acerca de estas cuestiones debe ser impartida a todos los niveles de ense\u00f1anza y educaci\u00f3n del cristiano. Entre los medios de informaci\u00f3n, revisten particular importancia los siguientes:<\/p>\n<p>&#8211; Manuales de catequesis.<\/p>\n<p>&#8211; Libros de historia.<\/p>\n<p>&#8211; Medios de comunicaci\u00f3n social (prensa, radio, cine, TV).<\/p>\n<p>El empleo eficaz de estos medios presupone una espec\u00edfica formaci\u00f3n de los profesores y de los educadores en las escuelas, as\u00ed como en los Seminarios y Universidades\u00bb (AAS 77, 1975, p. 73).<\/p>\n<p>Los p\u00e1rrafos que siguen se proponen servir a este prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>I Ense\u00f1anza religiosa y Juda\u00edsmo<\/p>\n<p>1. En la Declaraci\u00f3n conciliar Nostra aetate, 4, el Concilio habla del \u00abv\u00ednculo\u00bb que une \u00abespiritualmente\u00bb a cristianos y jud\u00edos, as\u00ed como del \u00abgran patrimonio espiritual com\u00fan\u00bb a ambos, y afirma todav\u00eda que \u00abla Iglesia de Cristo reconoce que los comienzos de su fe y de su elecci\u00f3n se encuentran ya en los patriarcas, en Mois\u00e9s y en los profetas, conforme al misterio salv\u00edfico de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>2. En raz\u00f3n de estas relaciones \u00fanicas, existentes entre Cristianismo y Juda\u00edsmo, \u00abvinculados en el nivel mismo de su propia identidad\u00bb (Juan Pablo II, discurso del 6 de marzo de 1982), relaciones \u00abfundadas en el designio del Dios de la Alianza\u00bb(ib), los jud\u00edos y el Juda\u00edsmo no deber\u00edan ocupar un lugar tan solo marginal y ocasional en la catequesis (y la predicaci\u00f3n). Su presencia indispensable debe ser en ella integrada de manera org\u00e1nica.<\/p>\n<p>3. Este inter\u00e9s por el juda\u00edsmo en la ense\u00f1anza cat\u00f3lica no tiene solamente un fundamento hist\u00f3rico o arqueol\u00f3gico. Como dec\u00eda el Santo Padre, en el discurso varias veces citado, despu\u00e9s de mencionar el \u00abpatrimonio com\u00fan\u00bb entre Iglesia y Juda\u00edsmo, que es \u00abconsiderable\u00bb: \u00abHacer el inventario de este patrimonio en s\u00ed mismo, pero tambi\u00e9n teniendo en cuenta la fe y la vida religiosa del pueblo jud\u00edo, tal como se la practica hoy, puede ayudar a entender mejor determinados aspectos de la vida de la Iglesia\u00bb. Se trata por consiguiente de una preocupaci\u00f3n pastoral por una realidad siempre viva, en estrecha relaci\u00f3n con la Iglesia. El Santo Padre ha presentado esta realidad permanente del pueblo jud\u00edo con una notable f\u00f3rmula teol\u00f3gica, en su alocuci\u00f3n a los representantes de la comunidad jud\u00eda de Alemania Federal, en Maguncia, el 17 de noviembre de 1980: \u00ab&#8230;el pueblo de Dios de la Antigua Alianza, nunca revocada&#8230;<\/p>\n<p>4. Es preciso referir ya aqu\u00ed el texto en el cual las \u00abOrientaciones y sugerencias\u00bb han procurado definir la condici\u00f3n fundamental del di\u00e1logo: \u00abRespetar al interlocutor tal como es\u00bb, \u00abentender mejor los elementos fundamentales de la tradici\u00f3n religiosa jud\u00eda\u00bb y adem\u00e1s, procurar \u00abcaptar los rasgos esenciales con que los jud\u00edos se definen a s\u00ed mismos a la luz de su actual realidad religiosa\u00bb(Intr.).<\/p>\n<p>5. La singularidad y la dificultad de la ense\u00f1anza cristiana acerca de los jud\u00edos y el Juda\u00edsmo consisten sobre todo en la exigencia de retener a la vez ambos t\u00e9rminos de varias expresiones dobles, en las que se expresa la conexi\u00f3n entre las dos econom\u00edas del Antiguo y del Nuevo Testamento:<\/p>\n<p>Promesa y cumplimiento.<br \/>Continuidad y novedad.<br \/>Singularidad y universalidad.<br \/>Unicidad y ejemplaridad.<br \/>Importa que el te\u00f3logo o el catequista que quiera tratar de este tema, se preocupe de hacer ver, en la pr\u00e1ctica misma de su ense\u00f1anza que:<\/p>\n<p>La promesa y el cumplimiento se iluminan mutuamente.<br \/>La novedad consiste en una transformaci\u00f3n de lo que ya exist\u00eda antes.<br \/>El car\u00e1cter singular del pueblo del Antiguo Testamento no es exclusivo, sino que est\u00e1 abierto, en la visi\u00f3n divina, a una extenci\u00f3n universal.<br \/>El car\u00e1cter unido de ese mismo pueblo existe en funci\u00f3n de una ejemplaridad.<br \/>6. Finalmente, \u00aben este campo, la imprecisi\u00f3n y la mediocridad causar\u00edan grave da\u00f1o\u00bb al di\u00e1logo judeo-cristiano (Juan Pablo II, discurso del 6 de marzo de 1982). Pero sobre todo da\u00f1ar\u00edan, puesto que se trata de ense\u00f1anza y educaci\u00f3n, a la \u00abpropia identidad\u00bbcristiana (ib.).<\/p>\n<p>7. \u00abEn virtud de su misi\u00f3n divina, la Iglesia\u00bb que es \u00abel auxilio general de salvaci\u00f3n\u00bb y en quien se encuentra \u00abla total plenitud de los medios de salvaci\u00f3n\u00bb(Unitatis redintegratio, 3), \u00abtiene por naturaleza el deber de proclamar a Jesucristo en el mundo\u00bb(Orientaciones y sugerencias, 1). En efecto, creemos que es por \u00e9l que vamos al Padre (cf. Jn 14, 6), y que \u00abla vida eterna es que te conozcan a ti, \u00fanico Dios verdadero y a tu enviado, Jesucristo\u00bb(Jn 17, 3).<\/p>\n<p>Jes\u00fas afirma (ib. 10, 16) que \u00abhabr\u00e1 un solo reba\u00f1o y un solo pastor\u00bb. Iglesia y Juda\u00edsmo no pueden as\u00ed ser presentados como dos v\u00edas paralelas de salvaci\u00f3n, y la Iglesia debe dar testimonio de Cristo redentor a todos, \u00abrespetando escrupulosamente la libertad religiosa tal como la ha ense\u00f1ado el Concilio Vaticano II (Declaraci\u00f3n Dignitatis humanae)\u00bb (Orient. y Sug., 1).<\/p>\n<p>8. La urgencia y la importancia de una ense\u00f1anza precisa, objetiva y rigurosamente exacta acerca del Juda\u00edsmo, a nuestros fieles, se deduce tambi\u00e9n del peligro de un antisemitismo siempre a punto de reaparecer bajo rostros diferentes. En esto, no se trata solamente de erradicar, en nuestros fieles, los restos de antisemitismo que se encuentran todav\u00eda aqu\u00ed y all\u00ed, sino mucho m\u00e1s de suscitar en ellos, mediante la tarea educativa, un conocimiento exacto del \u00abv\u00ednculo\u00bb (cf. Nostra aetate, 4) absolutamente \u00fanico, que, como Iglesia, nos liga a los jud\u00edos y al Juda\u00edsmo. De este modo les ense\u00f1ar\u00edamos a apreciar y amar a aquellos que, elegidos por Dios para preparar la venida de Cristo, han conservado todo aquello que les fuera progresivamente revelado y otorgado en el curso de esta preparaci\u00f3n, no obstante su dificultad en reconocer en \u00e9l a su Mes\u00edas.<\/p>\n<p>II Relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento<\/p>\n<p>1. Antes de referirse a cada uno de los acontecimientos de la historia, es preciso presentar la unidad de la Revelaci\u00f3n b\u00edblica (Antiguo y Nuevo Testamento) y del plan divino, a fin de subrayar bien que cada uno de ellos no adquiere su significaci\u00f3n sino a la luz de la totalidad de esa historia, de la creaci\u00f3n a la consumaci\u00f3n. Ella concierne a todo el g\u00e9nero humano y particularmente a los creyentes. De este modo, el sentido definitivo de la elecci\u00f3n de Israel aparece solamente a la luz de la realizaci\u00f3n plena (Rom 9-11) y la elecci\u00f3n en Jesucristo se comprende todav\u00eda mejor en relaci\u00f3n con el anuncio y la promesa (cf. Heb 4, 1-11).<\/p>\n<p>2. Se trata sin duda de acontecimientos singulares que conciernen a una naci\u00f3n singular, pero que, en la intenci\u00f3n de Dios que revela su prop\u00f3sito, est\u00e1n destinados a recibir un significado universal y ejemplar.<\/p>\n<p>Se trata adem\u00e1s de presentar los acontecimientos del Antiguo Testamento no como hechos que tocan solamente a los jud\u00edos, sino que nos afectan tambi\u00e9n personalmente. Abraham es de veras el padre de nuestra fe (cf. Rom 4, 11-12; Canon romano: patriarchae nostri Abrahae). Y se nos dice (1 Cor 10, 1): \u00abNuestros padres estuvieron todos bajo la nube, todos atravesaron el mar\u00bb. Los patriarcas y los profetas y otras personalidades del Antiguo Testamento han sido y ser\u00e1n siempre venerados como santos en la tradici\u00f3n lit\u00fargica de la Iglesia oriental como tambi\u00e9n de la Iglesia latina.<\/p>\n<p>3. De esta unidad del plan divino surge el problema de la relaci\u00f3n entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. La Iglesia, ya en los tiempos apost\u00f3licos (cf. 1 Cor 10, 11); Heb 10, 1), y luego constantemente en su tradici\u00f3n, ha resuelto ese problema sobre todo con la ayuda de la tipolog\u00eda, lo cual subraya el valor primordial que el Antiguo Testamento debe tener en la perspectiva cristiana. No obstante, la tipolog\u00eda suscita en no pocos un malestar y ello es quiz\u00e1 indicio de un problema irresuelto.<\/p>\n<p>4. En el uso de la tipolog\u00eda, cuya doctrina y cuya pr\u00e1ctica hemos recibido de la liturgia y de los Padres de la Iglesia, se tendr\u00e1 cuidado, pues, de evitar toda transici\u00f3n del Antiguo al Nuevo Testamento que fuera considerada solamente como ruptura. La Iglesia, con la espontaneidad del esp\u00edritu que la anima, ha condenado en\u00e9rgicamente la actitud de Marci\u00f3n* y se ha opuesto siempre a su dualismo.<\/p>\n<p>5. Interesa igualmente acentuar que la interpretaci\u00f3n tipol\u00f3gica consiste en leer el Antiguo Testamento como preparaci\u00f3n y, bajo ciertos aspectos, como esbozo y anuncio del Nuevo (cf. Heb 5, 5-10 etc.). Cristo es, a partir de \u00e9ste, la referencia-clave de las Escrituras: \u00abla roca era Cristo\u00bb (1 Cor 10, 4).<\/p>\n<p>6. Es entonces verdad, y es preciso asimismo subrayarlo, que la Iglesia y los cristianos leen el Antiguo Testamento a la luz del acontecimiento de Cristo, muerto y resucitado, y que, por este motivo, hay una lectura cristiana del Antiguo Testamento que no coincide necesariamente con la lectura jud\u00eda. De este modo, identidad cristiana e identidad jud\u00eda deben ser cuidadosamente distinguidas en sus respectivas lecturas de la Biblia. Pero esto nada quita del valor del Antiguo Testamento en la Iglesia ni impide que los cristianos puedan a su vez aprovechar con discernimiento las tradiciones de la lectura jud\u00eda.<\/p>\n<p>7. La lectura tipol\u00f3gica no hace m\u00e1s que manifestar las riquezas insondables del Antiguo Testamento, su contenido inagotable y el misterio del que est\u00e1 colmado. No debe hacer olvidar que conserva su valor propio de Revelaci\u00f3n, que en Nuevo Testamento a menudo no har\u00e1 m\u00e1s que resumir (cf. Mc 12, 29-31) por lo dem\u00e1s, el mismo Nuevo Testamento pide ser le\u00eddo tambi\u00e9n a la luz del Antiguo. La catequesis primitiva recurrir\u00e1 constantemente a \u00e9l (cf. vgr. 1 Cor 5, 6-8; 10, 1-11).<\/p>\n<p>8. La tipolog\u00eda significa adem\u00e1s la proyecci\u00f3n hacia el cumplimiento del plan divino, cuando \u00abDios ser\u00e1 todo en todas las cosas\u00bb (1 Cor 15, 28). Esto vale tambi\u00e9n para la Iglesia, que, realizada ya en Cristo, no por eso deja de esperar su perfecci\u00f3n definitiva, como Cuerpo suyo. El hecho de que el Cuerpo de Cristo tienda todav\u00eda hacia su estatura perfecta (cf. Ef 4, 12-13), nada detrae al valor del ser cristiano. Igualmente, la vocaci\u00f3n de los patriarcas y el \u00c9xodo de Egipto no pierden su importancia y su consistencia propia en el plan de Dios porque son, a la par, etapas intermediarias de ese plan (cf. vgr. Nostra aetate, 4).<\/p>\n<p>9. El \u00c9xodo, por ejemplo, representa una experiencia de salvaci\u00f3n y de liberaci\u00f3n que no se concluye en s\u00ed misma, sino al contrario, lleva en s\u00ed, adem\u00e1s de su significaci\u00f3n propia, el germen de un desarrollo ulterior. La salvaci\u00f3n y la liberaci\u00f3n han sido ya realizadas en Cristo y a la vez se realizan gradualmente por los sacramentos en la Iglesia.<\/p>\n<p>As\u00ed se prepara el cumplimiento definitivo del plan de Dios, que espera entonces su definitiva consumaci\u00f3n con el retorno de Jes\u00fas, como Mes\u00edas, por el cual rezamos cada d\u00eda. El Reino, por el cual oramos igualmente todos los d\u00edas, ser\u00e1 entonces finalmente instaurado. Entonces, la salvaci\u00f3n y la liberaci\u00f3n habr\u00e1n transformado en Cristo a los elegidos y a la totalidad de la creaci\u00f3n (cf. Rom 8, 19-23).<\/p>\n<p>10. Adem\u00e1s, al subrayar la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica del cristianismo, se adquirir\u00e1 una m\u00e1s viva conciencia del hecho de que el pueblo de Dios de la antigua y de la nueva Alianza, tiende hacia metas an\u00e1logas: la venida, o el retorno, del Mes\u00edas, aun se si parte de dos puntos de vista diferentes. Y nos daremos cuenta con mayor claridad de que la persona del Mes\u00edas, en relaci\u00f3n con la cual el pueblo de Dios est\u00e1 dividido, es tambi\u00e9n para \u00e9l un punto de convergencia (cf. \u00abSussidi per l&#8217;ecumenismo\u00bb de la di\u00f3cesis de Roma, n. 140). Se puede as\u00ed decir que jud\u00edos y cristianos se encuentran en una esperanza comparable, fundada sobre una misma promesa hecha a Abraham (cf. Gn 12, 1-3; Heb 6, 13-18).<\/p>\n<p>11. Atentos al mismo Dios que ha hablado, suspendidos a la misma palabra, nos corresponde dar testimonio de una misma memoria y de una com\u00fan esperanza en Aquel que es el Se\u00f1or de la historia. Deber\u00edamos as\u00ed asumir nuestra responsabilidad de preparar el mundo a la venida del Mes\u00edas, operando juntos por la justicia social, el respeto de los derechos de la persona humana y de las naciones, en orden a la reconciliaci\u00f3n social e internacional. A ello somos impulsados, jud\u00edos y cristianos, por el precepto del amor del pr\u00f3jimo, una com\u00fan esperanza del Reino de Dios y la gran herencia de los Profetas. Inculcada desde temprano por la catequesis, una concepci\u00f3n semejante educar\u00eda de manera concreta a los j\u00f3venes cristianos a una relaci\u00f3n de cooperaci\u00f3n con los jud\u00edos, yendo m\u00e1s all\u00e1 del simple di\u00e1logo (cf. Orient. y Sug. IV).<\/p>\n<p>III Ra\u00edces jud\u00edas del cristianismo<\/p>\n<p>12. Jes\u00fas era jud\u00edo y no ha dejado nunca de serlo. Su ministerio se ha limitado, voluntariamente, a \u00ablas ovejas perdidas de la casa de Israel\u00bb (Mt 15, 24). Jes\u00fas era plenamente un hombre de su tiempo y de su ambiente, el ambiente jud\u00edo palestino del siglo primero d.C., cuyas angustias y esperanzas ha compartido. Esta afirmaci\u00f3n no es m\u00e1s que una acentuaci\u00f3n de la realidad de la Encarnaci\u00f3n, y del sentido mismo de la historia de la salvaci\u00f3n, como nos ha sido revelado en la Biblia (cf. Rom 1, 3-4; G\u00e1l 4, 4-5).<\/p>\n<p>13. La relaci\u00f3n de Jes\u00fas con la ley b\u00edblica y sus interpretaciones m\u00e1s o menos tradicionales son ciertamente complejas. Respecto de ella ha dado pruebas de una gran libertad (cf. las \u00abant\u00edtesis\u00bb del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a: Mt 5, 21-48, con la debida consideraci\u00f3n de las dificultades exeg\u00e9ticas; cf. tambi\u00e9n la actitud de Jes\u00fas ante una observancia rigurosa del s\u00e1bado: Mc 3, 1-6, etc.).<\/p>\n<p>Pero, por otra parte, no cabe duda de que quiere someterse a la ley (cf. G\u00e1l 4, 4), ha sido circuncidado y presentado al Templo, como cualquier otro jud\u00edo de su tiempo (cf. Lc 2, 21. 22-24), y fue educado para observarla. Exhortaba a respetarla (cf. Mt 5, 17-20), e invitaba a obedecerla (cf. Mt 8, 4). El ritmo de su vida estaba marcado por la observancia de las peregrinaciones, con ocasi\u00f3n de las grandes fiestas, y ello desde su infancia (cf. Lc 2, 41-50; Jn 2, 13; 7, 10, etc.). Con frecuencia se ha notado, en el Evangelio de Juan, la importancia del ciclo de las fiestas jud\u00edas (cf. 2, 13; 5, 1; 7, 2.10.37; 10, 22; 12, 1.13,1; 18, 28; 19, 42, etc.).<\/p>\n<p>14. Conviene notar todav\u00eda que Jes\u00fas ense\u00f1a a menudo en las sinagogas (cf. Mt 4, 23; 9, 35; Lc 4, 15-18; Jn 18, 20 etc.) y en el Templo (cf. Jn 18, 20 etc.), que frecuentaba, como sus disc\u00edpulos, incluso despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n (cf. vgr. Hech 2, 46; 3, 1; 21, 26, etc.). Ha querido insertar en el contexto del culto en la sinagoga la proclamaci\u00f3n de su mesianidad (cf. Lc 4, 16-21). Pero sobre todo ha querido realizar el acto supremo del don de s\u00ed mismo en el marco de la liturgia dom\u00e9stica de la Pascua, o por lo menos en el marco de la festividad pascual (cf. Mc 14, 1.12 y paralelos; Jn 18, 28). Y ello permite comprender mejor el car\u00e1cter de \u00abmemoria\u00bb de la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>15. El Hijo de Dios se ha encarnado as\u00ed en un pueblo y una familia humana (cf. G\u00e1l 4, 4; Rom 9, 5), lo cual no quita nada al hecho de que haya nacido por todos los hombres, antes al contrario (alrededor de su cuna est\u00e1n los pastores jud\u00edos y los magos paganos: Lc 2, 8-20; Mt 2, 1-12); y de que haya muerto por todos (al pie de la cruz, de nuevo encontramos a los jud\u00edos, Mar\u00eda y Juan entre ellos: Jn 19, 25-27, y los paganos, como el centuri\u00f3n: Mc 15, 39 y paralelos). De esta manera, Jes\u00fas ha hecho uno de los dos pueblos en su carne (cf. Ef 2, 14-17). Se explica entonces que hubiera, en Palestina y en otras partes, junto a la Ecclesia ex gentibus, una Ecclesia ex circumcisione, de la cual habla por ejemplo Eusebio (Hist. Eccl. IV, 5).<\/p>\n<p>16. Las relaciones de Jes\u00fas con los Fariseos no fueron siempre del todo pol\u00e9micas. Hay de esto numerosos ejemplos:<\/p>\n<p>Son fariseos quienes previenen a Jes\u00fas del peligro que corre (Lc 13, 31).<br \/>Fariseos son alabados, como el \u00abescriba\u00bb de Mc 12, 34.<br \/>Jes\u00fas come con fariseos (Lc 7, 36; 14, 1).<br \/>17. Jes\u00fas comparte, como la mayor\u00eda de los jud\u00edos palestinos de aquel tiempo, doctrinas propias de los fariseos: la resurrecci\u00f3n de los cuerpos; las formas de piedad: limosna, oraci\u00f3n, ayuno, (cf. Mt 6, 1-18; la costumbre lit\u00fargica de dirigirse a Dios como Padre; la prioridad del precepto del amor de Dios y del pr\u00f3jimo (cf. Mc 12, 28-34). Lo mismo vale de Pablo (cf. vgr. Hech 23, 8), quien ha tenido siempre como un t\u00edtulo honor\u00edfico su pertenencia al grupo fariseo (cf. ib. 23, 6; 26, 5; Flp 3, 5).<\/p>\n<p>18. Pablo, como por lo dem\u00e1s el mismo Jes\u00fas, ha utilizado m\u00e9todos de lectura y de interpretaci\u00f3n de la Escritura y de ense\u00f1anza a los propios disc\u00edpulos, comunes a los fariseos de su tiempo, Es el caso del uso de las par\u00e1bolas en el ministerio de Jes\u00fas, como tambi\u00e9n del m\u00e9todo, aplicado por Jes\u00fas y por Pablo, de sustentar una conclusi\u00f3n con una cita de la Escritura.<\/p>\n<p>19. Hay que notar todav\u00eda que los fariseos no son mencionados en los relatos de la Pasi\u00f3n. Gamaliel (cf. Hech 5, 34-39) toma la defensa de los Ap\u00f3stoles en una reuni\u00f3n del Sanhedr\u00edn.<\/p>\n<p>Una presentaci\u00f3n exclusivamente negativa de los fariseos corre el riesgo de ser inexacta e injusta (cf. Orient. y Sug. Nota 1: AAS a, c., p. 76). Si se encuentran en los Evangelios y en otras partes del Nuevo Testamento toda clase de referencias desfavorables a los fariseos, es necesario verlas contra el tel\u00f3n de fondo de un movimiento complejo y diversificado. Las cr\u00edticas contra tipos diferentes de fariseos no faltan por lo dem\u00e1s en las fuentes rab\u00ednicas (cf. Talmud de Babilonia, tratado Sotah 2 b, etc.). El \u00abfarise\u00edsmo\u00bb, en sentido peyorativo, puede prosperar en cualquier religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Se puede tambi\u00e9n notar que, si Jes\u00fas se muestra severo con los fariseos, la raz\u00f3n es que, entre ellos y \u00e9l, existe mayor proximidad que con los dem\u00e1s grupos jud\u00edos del mismo per\u00edodo (cf. supra n. 17).<\/p>\n<p>20. Todo esto debiera contribuir a hacer entender mejor la afirmaci\u00f3n de San Pablo (Rom 2, 16ss) sobre la \u00abra\u00edz\u00bb y las \u00abramas\u00bb. La Iglesia y el cristianismo, con toda su novedad, encuentran su origen en el ambiente jud\u00edo del primer siglo de nuestra era, y m\u00e1s profundamente todav\u00eda en el \u00abplan de Dios\u00bb(Nostra aetate, 4), realizado en los patriarcas, Mois\u00e9s y los profetas (ib.), hasta su consumaci\u00f3n en Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>IV Los jud\u00edos en el Nuevo Testamento<\/p>\n<p>21. Las \u00abOrientaciones\u00bb dec\u00edan ya (nota 1): \u00abLa f\u00f3rmula &#8216;los jud\u00edos&#8217;en San Juan designa a veces, seg\u00fan los contextos, a &#8216;los jefes de los jud\u00edos&#8217; o a &#8216;los adversarios de Jes\u00fas&#8217;, expresiones que formulan mejor el pensamiento del evangelista y evitan que d\u00e9 la impresi\u00f3n de que se acusa al pueblo jud\u00edo como tal\u00bb.<\/p>\n<p>Una presentaci\u00f3n objetiva del papel del pueblo jud\u00edo en el Nuevo Testamento debe tomar en cuenta los siguientes datos:<\/p>\n<p>A. Los Evangelios son el fruto de una labor redaccional prolongada y complicada. La Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei Verbum, a la zaga de la Instrucci\u00f3n Sancta Mater Ecclesia de la Pontificia Comisi\u00f3n B\u00edblica, distingue en ella tres etapas: \u00abLos autores sagrados compusieron los cuatro Evangelios escogiendo datos de la tradici\u00f3n oral o escrita, reduci\u00e9ndolos a s\u00edntesis, adapt\u00e1ndolos a la situaci\u00f3n de las diversas Iglesias, conservando siempre el estilo de la proclamaci\u00f3n; as\u00ed nos transmitieron datos aut\u00e9nticos y genuinos acerca de Jes\u00fas\u00bb(n. 19).<\/p>\n<p>No se excluye entonces que algunas referencias hostiles o poco favorables a los jud\u00edos, tengan como su contexto hist\u00f3rico los conflictos entre la Iglesia naciente y la comunidad jud\u00eda.<\/p>\n<p>Ciertas pol\u00e9micas reflejan la condici\u00f3n de las relaciones entre jud\u00edos y cristianos, bien posteriores a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Esta comprobaci\u00f3n tiene un valor capital si se quiere recabar el sentido de algunos textos de los Evangelios para los cristianos de hoy.<\/p>\n<p>De todo eso se debe tomar nota cuando se preparan las catequesis y las homil\u00edas para las \u00faltimas semanas de Cuaresma y para la Semana Santa (cf. ya Orient. y Sug. II; y ahora tambi\u00e9n los \u00abSussidi\u00bb de la di\u00f3cesis de Roma, n. 124b.).<\/p>\n<p>B. Es claro, por otra parte, que, desde el comienzo del ministerio de Jes\u00fas, hubo conflictos entre \u00e9l y ciertas categor\u00edas de jud\u00edos de su tiempo, tambi\u00e9n con los fariseos (cf. Mc 2, 1-11.24; 3, 6 etc.).<\/p>\n<p>C. Se da igualmente el hecho doloroso de que la mayor\u00eda del pueblo jud\u00edo y sus autoridades no han cre\u00eddo en Jes\u00fas, hecho que no es solamente un acontemiento hist\u00f3rico, sino que posee importancia teol\u00f3gica, dimensi\u00f3n cuyo significado san Pablo procura interpretar (Rom cap. 9-11).<\/p>\n<p>D. Tal hecho, acentuado a medida que se desarrollaba la misi\u00f3n cristiana, sobre todo entre los paganos, ha llevado a una inevitable ruptura entre el Juda\u00edsmo y la Iglesia naciente, a partir de este momento irreductiblemente separados y divergentes en el plano mismo de la fe, situaci\u00f3n que se refleja en la redacci\u00f3n de los textos del Nuevo Testamento, y en especial en los Evangelios. No se trata de disminuir o disimular esta ruptura; ello no har\u00eda m\u00e1s que perjudicar la identidad de cada uno. No obstante, la ruptura no suprime ciertamente el \u00abv\u00ednculo\u00bb espiritual del cual habla el Concilio (Nostra aetate, 4), y algunas de cuyas dimensiones nos proponemos elaborar en el presente texto.<\/p>\n<p>E. Al reflexionar sobre el hecho aludido, a la luz de la Escritura, y especialmente de los cap\u00edtulos citados de la carta a los Romanos, los cristianos no deben nunca olvidar que la fe es un don libre de Dios (cf. Rom 9, 12) y que la conciencia ajena no debe ser juzgada. La exhortaci\u00f3n de san Pablo a no \u00abengre\u00edrse\u00bb (Rom 11, 18) respecto de la \u00abra\u00edz\u00bb (ib.), cobra aqu\u00ed todo su sentido.<\/p>\n<p>F. No se puede poner en un mismo plano a los jud\u00edos que conocieron a Jes\u00fas y no creyeron en \u00e9l, o los que se opusieron a la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles, con los que vinieron despu\u00e9s y con los jud\u00edos de nuestro tiempo. Si la responsabilidad de aquellos en su actitud frente a Jes\u00fas permanece un misterio de Dios (cf. Rom 11, 25), estos se encuentran en una situaci\u00f3n del todo diferente. El Segundo Concilio Vaticano (Declaraci\u00f3n Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa) ense\u00f1a que \u00abtodos los hombres deben estar inmunes de coacci\u00f3n&#8230; y ello de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que act\u00fae conforme a ella&#8230;\u00bb (n. 2). Esta es una de las bases sobre las que se apoya el di\u00e1logo judeo-cristiano, promovido por el Concilio.<\/p>\n<p>22. La delicada cuesti\u00f3n de la responsabilidad por la muerte de Cristo debe ser encarada en la \u00f3ptica de la Declaraci\u00f3n conciliar Nostra aetate y las Orientaciones y sugerencias\u00bb(III). \u00abLo que se hizo en la Pasi\u00f3n de Cristo no puede ser imputado, ni indistintamente a todos los jud\u00edos que entonces viv\u00edan, ni a los jud\u00edos de hoy\u00bb, aunque las autoridades de los jud\u00edos, con sus seguidores, reclamaron la muerte de Cristo. Y m\u00e1s abajo: \u00abCristo&#8230; abraz\u00f3 voluntariamente, movido por inmensa caridad, su pasi\u00f3n y muerte por los pecados de todos los hombres, para que todos consigan la salvaci\u00f3n\u00bb(Nostra aetate, 4).<\/p>\n<p>El Catecismo del Concilio de Trento ense\u00f1a adem\u00e1s que los cristianos que pecan son m\u00e1s culpables de la muerte de Cristo que los pocos jud\u00edos que en ella intervinieron: estos, en efecto, \u00abno sab\u00edan lo que hac\u00edan\u00bb (Lc 23, 34) y nosotros, en cambio, lo sabemos demasiado bien (Parte I, cap. V, cust. XI). En la misma l\u00ednea y por la misma raz\u00f3n, \u00abno se ha de se\u00f1alar a los jud\u00edos como r\u00e9probos de Dios y malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras\u00bb (Nostra aetate, 4), aun si es verdad que \u00abla Iglesia es el nuevo pueblo de Dios\u00bb(ib.).<\/p>\n<p>V La liturgia<\/p>\n<p>23. Jud\u00edos y cristianos hacen de la Biblia la sustancia misma de su liturgia: en la proclamaci\u00f3n de la palabra de Dios, en la respuesta a ella, en la oraci\u00f3n de alabanza y de intercesi\u00f3n por los vivos y los muertos, en el recurso a la misericordia divina. La liturgia de la Palabra, en su estructura propia, tiene su origen en el juda\u00edsmo. La liturgia de las Horas y otros textos y formularios lit\u00fargicos tienen paralelos en el juda\u00edsmo, como tambi\u00e9n las mismas f\u00f3rmulas de nuestras oraciones m\u00e1s venerables, entre ellas el Padrenuestro. Las oraciones eucar\u00edsticas se inspiran asimismo de modelos de la tradici\u00f3n jud\u00eda. Como dec\u00eda Juan Pablo II (alocuci\u00f3n del 6 de marzo de 1982): \u00abLa fe y la vida religiosa del pueblo jud\u00edo, tal como son vividas y profesadas todav\u00eda, (pueden) ayudar a comprender mejor ciertos aspectos de la vida de la Iglesia. Es el caso de la liturgia&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>24. Esto es particularmente visible en las grandes fiestas del a\u00f1o lit\u00fargico, como la Pascua. Cristianos y jud\u00edos celebran la Pascua: Pascua de la historia, en tensi\u00f3n hacia el futuro, para los jud\u00edos; Pascua realizada en la muerte y la resurrecci\u00f3n de Cristo, para los cristianos, pero siempre a la espera de la consumaci\u00f3n definitiva (cf. supra n. 9). Es el \u00abmemorial\u00bb, que nos viene de la tradici\u00f3n jud\u00eda, con un contenido espec\u00edfico, diverso en cada caso. Hay as\u00ed, en una parte como en la otra, un dinamismo semejante para los cristianos, este dinamismo confiere su significaci\u00f3n a la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica (cf. la ant\u00edfona \u00abO Sacrum Convivium\u00bb, celebraci\u00f3n pascual, y como tal, actualizaci\u00f3n del pasado, pero vivida en la espera \u00abhasta que \u00e9l venga\u00bb (1 Cor 11, 26).<\/p>\n<p>VI Juda\u00edsmo y Cristianismo en la historia<\/p>\n<p>25. La historia de Israel no acaba el a\u00f1o 70 (cf. Orientaciones y Sugerencias II). Seguir\u00e1 adelante, especialmente en una numerosa di\u00e1spora, que permitir\u00e1 a Israel llevar a todas partes el testimonio, a menudo heroico, de su fidelidad al Dios \u00fanico y \u00abensalzarle ante todos los vivientes\u00bb (Tob 13, 4), conservando siempre la memoria de la tierra de los antepasados en lo m\u00e1s \u00edntimo de su esperanza (cf. Seder pascual).<\/p>\n<p>Los cristianos son animados a comprender este v\u00ednculo religioso, que hunde sus ra\u00edces en la tradici\u00f3n b\u00edblica, sin por eso apropiarse una interpretaci\u00f3n religiosa particular de esta relaci\u00f3n (cf. Declaraci\u00f3n de la Conferencia de los Obispos cat\u00f3licos de los Estados Unidos, 20 de noviembre de 1975).<\/p>\n<p>Por lo que toca a la existencia del Estado de Israel y sus opciones pol\u00edticas, deben ser encaradas en una \u00f3ptica que no es en s\u00ed misma religiosa, sino referida a los principios comunes del derecho internacional.<\/p>\n<p>La persistencia de Israel (cuando tantos pueblos antiguos han desaparecido sin dejar rastros) es un hecho hist\u00f3rico y a la vez un signo que pide ser interpretado en el plan de Dios. Es preciso, en todo caso, liberarse de la concepci\u00f3n tradicional de un pueblo castigado, que habr\u00eda sido conservado para servir de argumento viviente para la apolog\u00e9tica cristiana. Es siempre el pueblo electo, \u00abel olivo leg\u00edtimo en el cual han sido injertadas las ramas del olivo silvestre, que son los gentiles\u00bb (Juan Pablo II, 6 de marzo de 1982, aludiendo a Rom 11, 17-24). Se tendr\u00e1 presente cu\u00e1n negativo es el balance de las relaciones entre jud\u00edos y cristianos, durante dos milenios. Se recordar\u00e1 tambi\u00e9n que esta permanencia de Israel ha sido acompa\u00f1ada por una continua creatividad espiritual, en el per\u00edodo rab\u00ednico, durante la Edad Media, y en los tiempos modernos, a partir de un patrimonio que, por mucho tiempo, nos ha sido com\u00fan, de tal manera que \u00abla fe y la vida religiosa del pueblo jud\u00edo, tal como son vividas y profesadas todav\u00eda hoy, (pueden) ayudar a comprender mejor ciertos aspectos de la vida de la Iglesia\u00bb (Juan Pablo II, 6 de marzo de 1982). La catequesis deber\u00eda, por otra parte, ayudar a comprender el significado para los jud\u00edos de su exterminaci\u00f3n durante los a\u00f1os 1939 a 1945 y de sus consecuencias.<\/p>\n<p>26. La educaci\u00f3n y la catequesis deben ocuparse del problema del racismo, siempre activo en las diferentes formas de antisemitismo. El Concilio presentaba el problema de este modo: \u00abAdem\u00e1s, la Iglesia&#8230; consciente del patrimonio com\u00fan con los jud\u00edos, e impulsada, no por razones pol\u00edticas, sino por la religiosa caridad evang\u00e9lica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los jud\u00edos\u00bb(Nostra aetate, 4). Y las Orientaciones comentan: \u00abLos v\u00ednculos espirituales y las relaciones hist\u00f3ricas que unen a la Iglesia con el Juda\u00edsmo, condenan como contrarias al esp\u00edritu mismo del cristianismo todas las formas de antisemitismo y discriminaci\u00f3n, cosa que de por s\u00ed la dignidad de la persona humana basta para condenar\u00bb (Pre\u00e1mbulo).<\/p>\n<p>VII Conclusi\u00f3n<\/p>\n<p>27. La ense\u00f1anza religiosa, la catequesis y la predicaci\u00f3n deben disponer, no s\u00f3lo a la objetividad, la justicia y la tolerancia, sino a la comprensi\u00f3n y al di\u00e1logo. Nuestras dos tradiciones tiene un parentesco tan estrecho que no se pueden ignorar. Es preciso exhortar a un conocimiento mutuo a todos los niveles. Porque se comprueba una penosa ignorancia, en especial de la historia y de las tradiciones del Juda\u00edsmo, del cual s\u00f3lo los aspectos negativos y a menudo caricaturales, parecen ser parte del bagaje com\u00fan de muchos cristianos.<\/p>\n<p>A esto estas Notas se proponen poner remedio. De esta manera, el texto del Concilio y de las Orientaciones y Sugerencias ser\u00e1n m\u00e1s f\u00e1cilmente puestos en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Johannes Cardenal Willebrands<\/p>\n<p>Presidente<\/p>\n<p>Pierre Duprey<\/p>\n<p>Vicepresidente<\/p>\n<p>Jorge Mej\u00eda<\/p>\n<p>Secretario<\/p>\n<p>(Mayo 1985)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 NOTAS PARA UNA CORRECTA PRESENTACI\u00d3N DE JUD\u00cdOS Y JUDA\u00cdSMO EN LA PREDICACI\u00d3N Y LA CATEQUESIS DE LA IGLESIA CATOLICA &nbsp;Mayo, 1985 \u00a0 Consideraciones preliminares El Papa Juan Pablo II dec\u00eda, en marzo de 1982, a los delegados de las Conferencias episcopales y otros expertos, reunidos en Roma para estudiar las relaciones entre Iglesia y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[31],"tags":[],"class_list":["post-94","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-documentos-eclesiales"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cejc-madrid.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/94","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cejc-madrid.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cejc-madrid.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cejc-madrid.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cejc-madrid.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=94"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/cejc-madrid.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/94\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cejc-madrid.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=94"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cejc-madrid.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=94"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cejc-madrid.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=94"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}